¿Y cómo
lograrlo? Es otra muy buena pregunta; algunas
sugerencias pueden contribuir a su respuesta.
Siempre es
posible que ellas puedan sonarte a “clichés” e
incluso puedas pensar “el papel aguanta todo”. Es
cierto, el papel soporta mucho, pero es posible
encontrar en una hoja de papel ideas que pueden ser
útiles si tratamos de llevarlas a la práctica; tal
vez, las hayas pensado, ya, en varias ocasiones y
no te hayas dado cuenta.
¿Qué tal si las lees? y sólo después de hacerlo,
piensas si alguna de ellas pueden ayudarte a
“mejorar tu calidad de vida”. Si al menos consideras
que alguna o algunas pueden servirte, entonces date
la oportunidad y ponlas en práctica:
-Que tu vida sea satisfactoria: la satisfacción es
lo que marca la diferencia entre vivir a gusto y no
vivir así. Hay que procurar aceptar los cambios e
imprevistos sin sufrir la angustia. Si sientes que
lo que haces no te satisface y no te sientes capaz
de corregir o cambiarlo, estarás expuesto, como
mínimo, al estrés del día a día. Busca a un amigo, a
una persona en la que confíes, un “empujón” de
alguien que te aprecia, siempre valdrá la pena.
-Valórate: tener confianza en uno mismo hace que
sintamos que tenemos el control sobre nuestros
actos; no dejes que la sensación de miedo, de
ansiedad o de resentimiento te gane.
- Celebra tu éxito: ¿por qué a veces, hagamos lo
que hagamos, nunca estamos contentos? Siempre
esperamos más de nosotros mismos y esto nos puede
provocar insatisfacción, pues nos olvidamos de
celebrar cada éxito que logramos. Todo éxito, por
pequeño que sea, vale la pena que sea reconocido y
disfrutado por nosotros mismos y por qué no,
¿compartirlo con quienes queremos?
- Evita la rutina: a pesar de que, como
consecuencia de la EM, tengas limitaciones para
realizar ciertas actividades, trata de realizar
algunas tareas nuevas de vez en vez; cambia tus
horarios; emprende novedades; plantéate retos.
- Únete a un grupo: rodéate de gente positiva de la
que puedas obtener enseñanzas provechosas; evita a
personas que te hagan sentir mal o que te quiten el
ánimo para seguir o que sean negativas en tu vida.
Nadie mejor que tú para identificarlas.
- Modifica tu estilo de vida: la enfermedad, muchas
veces, produce cambios en nuestras vidas; aunque al
principio pueda parecer difícil, adecúate a los
cambios; conversar con alguien que vive lo mismo que
tú, puede ser de gran ayuda.
-Busca el placer: descubre qué te proporciona
alegría y trata de reproducir o volver a vivir esa
experiencia.
- Practica una afición: ya sea en tu casa o fuera de
ella; realiza alguna actividad que te guste; esto te
ayudará por horas (aunque no lo creas) a olvidarte
de los problemas cotidianos.
-Ten un verdadero apoyo emocional: quienes sufren
de depresión tienden a aislarse considerando que son
una carga para los demás. Eso provoca soledad y
empeora las cosas. El apoyo, la ayuda, los consejos
que puedan darte quienes consideres los más
cercanos a ti son muy importantes; no los dejes de
lado; haz que participen de tus penas; comparte, con
ellos, tus preocupaciones y tus sentimientos; así te
sentirás mejor.
-No
te automediques: hay medicamentos que pueden
ayudarnos a superar la depresión y la angustia, pero
deben ser recetados por tu médico. Recuerda que la
automedicación puede ser peligrosa; lo que a otros
les cae bien, tal vez contigo suceda lo contrario.
El exceso o el uso incorrecto de algunos fármacos
puede disminuir tu capacidad para reflexionar, para
pensar y para vivir de manera realista.
-Descansa por las noches: la manera más práctica y
barata de evitar las tensiones o de lidiar con ellas
es el descanso. La falta de sueño hace que te
recuperes con dificultad, ya que no puedes reunir
las energías necesarias para combatir los problemas.
-Aliméntate adecuadamente: una dieta balanceada y
variada garantiza un completo funcionamiento de tu
cuerpo y de tu mente.
-Haz ejercicios con regularidad: el ejercicio,
aunque sea en tu casa, te ayudará a disminuir las
tensiones y a estimular tus órganos vitales.