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CONSEJOS PRÁCTICOS
 


¿Sabías de los efectos del calor en la EM

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¿SERÁ POSIBLE LOGRAR VIVIR CADA DÍA MEJOR?

Siempre que se trata de hablar de mejorar la Calidad de Vida, la pregunta que viene es: ¿qué es Calidad de Vida?

No tengo una respuesta concreta para una pregunta que, a veces, puede resultar ambigua y hasta sin sentido. Intento responderme de todas formas porque pienso que estas preguntas no deben quedar en el “aire”, sin respuestas.

La buena calidad de vida, tenerla o buscarla depende de cada persona, lo que para mí pueda serlo, tal vez para ti no lo sea; sin embargo, sigo respondiendo a esta interrogante, calidad de vida podría significar sentirnos bien con nosotros mismos, con quienes nos rodean; podría significar, también, encontrar la mejor manera de sentir que vale la pena “vivir la vida” que nos ha tocado a cada uno.

¿Y cómo lograrlo? Es otra muy buena pregunta; algunas sugerencias pueden contribuir a su respuesta.

Siempre es posible que ellas puedan sonarte a “clichés”  e incluso puedas pensar “el papel aguanta todo”. Es cierto, el papel soporta mucho, pero es posible encontrar en una hoja de papel ideas que pueden ser útiles si tratamos de llevarlas a la práctica; tal vez, las hayas pensado, ya, en varias ocasiones  y no te hayas dado cuenta.
¿Qué tal si las lees? y sólo después de hacerlo, piensas si alguna de ellas pueden ayudarte a “mejorar tu calidad de vida”. Si al menos consideras que alguna o algunas pueden servirte, entonces date la oportunidad y ponlas en práctica:

 -Que tu vida sea satisfactoria: la satisfacción es lo que marca la diferencia entre vivir a gusto y no vivir así. Hay que procurar aceptar los cambios e imprevistos sin sufrir la angustia. Si sientes que lo que haces no te satisface y no te sientes capaz de corregir o cambiarlo, estarás expuesto, como mínimo, al estrés del día a día. Busca a un amigo, a una persona en la que confíes, un “empujón” de alguien que te aprecia, siempre valdrá la pena.

-Valórate: tener confianza en uno mismo hace que sintamos que tenemos el control sobre nuestros actos; no dejes que la sensación de miedo, de ansiedad o de resentimiento te gane.

 - Celebra tu éxito: ¿por qué a veces, hagamos lo que hagamos, nunca estamos contentos? Siempre esperamos más de nosotros mismos y esto nos puede provocar insatisfacción, pues nos olvidamos de celebrar cada éxito que logramos. Todo éxito, por pequeño que sea, vale la pena que sea reconocido y disfrutado por nosotros mismos y por qué no, ¿compartirlo con quienes queremos?

 - Evita la rutina: a pesar de que, como consecuencia de la EM, tengas limitaciones para realizar ciertas actividades, trata de realizar algunas tareas nuevas de vez en vez; cambia tus horarios; emprende novedades;  plantéate retos.

 - Únete a un grupo: rodéate de gente positiva de la que puedas obtener enseñanzas provechosas; evita a personas que te hagan sentir mal o que te quiten el ánimo para seguir o que sean negativas en tu vida. Nadie mejor que tú para identificarlas.

 - Modifica tu estilo de vida: la enfermedad, muchas veces, produce cambios en nuestras vidas; aunque al principio pueda parecer difícil, adecúate a los cambios; conversar con alguien que vive lo mismo que tú, puede ser de gran ayuda.

 -Busca el placer: descubre qué te proporciona alegría y trata de reproducir o volver a vivir esa experiencia.

- Practica una afición: ya sea en tu casa o fuera de ella; realiza alguna actividad que te guste; esto te ayudará por horas (aunque no lo creas) a olvidarte de los problemas cotidianos.

 -Ten un verdadero apoyo emocional: quienes sufren de depresión tienden a aislarse considerando que son una carga para los demás. Eso provoca soledad y empeora las cosas. El apoyo, la ayuda, los consejos que puedan darte  quienes consideres los más cercanos a ti son muy importantes; no los dejes de lado; haz que participen de tus penas; comparte, con ellos, tus preocupaciones y tus sentimientos; así te sentirás mejor.

 -No te automediques: hay medicamentos que pueden ayudarnos a superar la depresión y la angustia, pero deben ser recetados por tu médico. Recuerda que la automedicación puede ser peligrosa; lo que a otros les cae bien, tal vez contigo suceda lo contrario. El exceso o el uso incorrecto de algunos fármacos puede disminuir tu capacidad para reflexionar, para pensar y para vivir de manera realista.

 -Descansa por las noches: la manera más práctica y barata de evitar las tensiones o de lidiar con ellas es el descanso. La falta de sueño hace que te recuperes con dificultad, ya que no puedes reunir las energías necesarias para combatir los problemas.

 -Aliméntate adecuadamente: una dieta balanceada y variada garantiza un completo funcionamiento de tu cuerpo y de tu mente.

 -Haz ejercicios con regularidad: el ejercicio, aunque sea en tu casa, te ayudará a disminuir las tensiones y a estimular tus órganos vitales. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-Confía en ti mismo: siempre que estés en conflicto, enfrentándote a una decisión o situación difícil, recuerda que las respuestas están en ti. A veces no tenemos suficiente conciencia de lo que somos capaces de hacer.

 -Arriésgate: a veces queremos cambiar “eso” en nuestras vidas, pero surge el miedo a lo desconocido; el miedo al cambio. Pregúntate qué te gustaría cambiar e intenta hacerlo. Corre el riesgo y verás cómo te sientes más confiado. Independientemente de si te equivocas o aciertas, con haberlo hecho, ¡ya es suficiente!

-Trata de ser original: todos somos diferentes y en lugar de esconder nuestras diferencias, conviértelas en un rasgo de tu personalidad.

-Sé una persona que siempre quiera aprender: esto puede ser una forma de vida. El descubrir cosas nuevas renueva y hace  bien. Si te interesa, puedes retomar estudios, iniciar otros diferentes. Cualquier actividad nueva y distinta que te ayude a desarrollar tus habilidades, que sea bienvenida a pesar de la discapacidad, la que no debe ser un freno para esto. Recuerda que la discapacidad no es incapacidad.

 -Aprende a resolver conflictos: discutir no es dañino ni destructivo, sólo es necesario aprender a hacerlo sin causarle daño a los demás. Así resulta muy enriquecedor para ti y para la persona con quien discutes sobre cualquier tema  trascendente  o no.

 -Desahógate: deja que tus emociones negativas salgan; patalea, grita, canta, baila; haz lo que quieras, pero evita quedarte con el “nudo en la garganta”.

 -Trata de ser más tolerante: cuando nos sentimos mal, quienes “pagan el plato roto” son nuestros seres más cercanos, más queridos; cuando sientas que tienes que “desquitarte”, porque así lo quieres, respira y trata de hablar y expresar, con calma, tu malestar.

Ser feliz es parte de la búsqueda de nuestra condición humana. Sólo tenemos que creer que existen momentos de felicidad y permitirnos vivirlos cuando llegan. Agradece por lo que tienes y verás cómo vives mejor. Sé que es difícil cuando estamos sometidos al estrés y a las tensiones, no sólo de la vida diaria, sino a los de la enfermedad, pero siempre es posible, piénsalo.  Cuando ante lo negativo somos optimistas, se da la clave para vivir cada vez mejor, lo mismo que al compartir con quienes queremos, no solamente nuestras penas, sino, también, nuestras alegrías y las metas alcanzadas.