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TIENES UN HIJO  CON EM: ¿CÓMO PUEDES AYUDARLO?

Todos hemos leído que la esclerosis múltiple es una enfermedad que afecta a las personas en un rango de edad que va desde los veinte años hasta los cuarenta; sin embargo, estos parámetros han variado y en la actualidad está comprobado que la enfermedad puede presentarse antes o después de las edades mencionadas.

¿Pero sabían que la EM puede presentarse en adolescentes e incluso en niños pequeños?

En general, los casos de esclerosis múltiple en niños son pocos. Las estadísticas europeas registran muy escasos casos, mientras que en Estados Unidos y Canadá hay una incidencia un poco mayor pero con respecto a Europa. Sin embargo, estos casos siguen siendo esporádicos. Para los padres es difícil tener  un hijo con una enfermedad crónica como la esclerosis múltiple. Es una situación estresante. Estos padres casi siempre enfrentan problemas y decisiones que otros padres no enfrentan. Una de las tareas más grandes que los padres encuentran es el ayudar a su hijo con la enfermedad. Algunos consejos que pueden ayudarte son:

*Aprende sobre la enfermedad de tu hijo. Es importante que entiendas completamente a la enfermedad. Cuanto más sepas sobre ella, más sabrás acerca de lo que se puede esperar de tu hijo (por ejemplo, qué actividades, deportes, y labores de casa puede hacer). La enfermedad te permitirá  saber cuáles conductas y síntomas son normales y cuales, no. Tener conocimiento acerca de la EM ayuda a que contestes cualquier pregunta de tu hijo acerca de su padecimiento. Debes preguntar al médico sobre la enfermedad, puedes también informarte con otros medios serios y confiables. No tengas miedo de hacer preguntas al médico o a otra persona especializada, sobre la enfermedad y el plan de tratamiento. Debes hacer todas las preguntas hasta que entiendas, a conciencia, las respuestas.

*Explica la enfermedad a tu hijo.  Algunos padres tienen dificultades para decidir lo se le puede decir a su hijo de la enfermedad. Por un lado, no quieren causarles ansiedad innecesaria, y, por otro lado, no quieren darle información errónea. Por lo general, es mejor ser abiertos y honestos con tu hijo acerca de la enfermedad. Los niños, adolescentes y adultos jóvenes son muy perceptivos y es posible que sepan cuándo sus padres no son honestos con ellos, lo que puede causar confusión y desconfianza. Debes darle información en términos simples para que te entiendan. Los niños pequeños, algunas veces, creen que una enfermedad es un castigo por algo que han hecho. Por consiguiente, es también importante hacerles saber que la enfermedad no es culpa de ellos. Asegúrate de que tu niño sepa que estás dispuesto siempre para contestar cualquier pregunta que quiera hacer y que lo harás de manera honesta y sin rodeos. Debes dar respuestas de acuerdo al nivel de entendimiento de tu hijo. El médico puede darte sugerencias específicas en cuanto a las explicaciones de la enfermedad.

En nuestro país hay una tendencia a callar los detalles de las enfermedades a quienes la padecen; sin embargo, está comprobado que mientras más conozcan de su padecimiento, sabrán enfrentarlo mejor, de ahí la importancia de hablar con transparencia sobre el tema. Las preguntas que generalmente hacen los niños, adolescentes y jóvenes adultos y que deben ser respondidas por sus padres de acuerdo a la edad son:

-         ¿Qué es la EM?

-         ¿Cómo me sucedió?

-         ¿Por qué a mí?

-         ¿Es contagiosa?

-         ¿Las personas con EM se mueren?

-         ¿Qué me pasará?

-         ¿Por qué tengo que ir al hospital?

-         ¿Usaré siempre un andador o una silla de ruedas?

-         ¿Por qué debo tener esta o aquella medicina?

 *Ayuda a tu hijo a procesar sus sentimientos debido a la enfermedad. Algunas veces es difícil predecir cómo van a reaccionar nuestros hijos al saber que padecen de una enfermedad como la esclerosis múltiple. Es importante ayudar a tu hijo a procesar sus reacciones emocionales. Esto se puede lograr escuchándolos, proporcionándoles ayuda y discutiendo sus sentimientos. Algunos niños, adolescentes y jóvenes adultos pueden resistirse a discutir sus problemas o sentimientos para que sus padres no se preocupen. Es de vital importancia que tu hijo sienta que puede hablar contigo o con ustedes, sin miedo y con confianza. Trata también de recordar que la opinión y los sentimientos de tu hijo, con relación a la enfermedad, pueden cambiar con el tiempo y con la edad. Entonces es importante mantener abierta la comunicación.

Los adolescentes y jóvenes adultos tienen propensión a experimentar mayores preocupaciones y temores cuando la enfermedad entra en conflicto con:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-         Su imagen corporal.

-         El desarrollo de su independencia.

-         Las relaciones con personas de su misma edad.

*Prepara a tu hijo para los procedimientos médicos. Tu hijo necesita saber qué esperar en su vida. Enfrentarse a procedimientos médicos desconocidos pueden causar ansiedad e incluso un tanto de angustia. Muchos padres pueden pensar que están protegiendo a su hijo al no decirle nada que pueda ser incómodo o doloroso. Sin embargo, es buena idea que tú o el médico se tome un tiempo para prepararlo. Debes explicarle la razón por la que se le hará esto o aquello, quién lo realizará, qué equipo se utilizará y si va a ser doloroso o incómodo. Obviamente, la información debe ser proporcionada tomando en cuenta la edad de tu hijo. Brindarles información, muchas veces, permite que se preparen en lugar de preocuparse por lo desconocido.

*Ayuda a que tu hijo mantenga una vida tan normal como sea posible. Procura tratar a tu hijo como a cualquier otro. Al mismo tiempo, necesitas tener en cuenta la enfermedad y sus necesidades. Esto puede ser un acto acrobático para los padres. Es importante que ayudes a tu hijo a participar en actividades que realizan personas de su misma edad.

*No temas a la disciplina. Muchos padres no están dispuestos a poner límites a su hijo enfermo. Sin embargo, como cualquier otra persona, tu hijo necesita disciplina. Ésta, ayuda a tus hijos con estructura y seguridad, lo cual es tranquilizante para él. La disciplina adecuada enseña a controlar su comportamiento. Asegúrate de que la disciplina sea consistente entre los dos padres en el día a día. También debes preocuparte de que otros miembros de la familia te imiten. Técnicas recomendables de disciplina incluyen elogiar la buena conducta; dedicar un tiempo de descanso a los niños pequeños; limitar privilegios a los mayores.

*Da responsabilidades a tu hijo. Así como necesita disciplina, también necesita responsabilidades. Los padres deben tratar que su hijo con la enfermedad cumpla con los quehaceres de la casa. Dar responsabilidades es una manera de tener una vida lo más normal posible. Debes usar tu juicio al designar quehaceres que tu hijo pueda cumplir con éxito. Debes ser consistente en tus requerimientos y prepararte para que vea las consecuencias si no cumple con su trabajo.

*Mantén la rutina familiar lo más que se pueda. Trata, en la medida en que se pueda, mantener las rutinas familiares (por ejemplo: la hora de levantarse, de la comida, de acostarse, actividades diarias, etc.). Los niños, adolescentes y jóvenes adultos, por lo general, se desempeñan bien cuando las rutinas son predecibles y consistentes. Claro que esto no es posible todo el tiempo, pero se debe hacer el esfuerzo para mantener las rutinas y los horarios regulares para todos los miembros de la familia.

*Cuídate. Esto puede parecer algo difícil o tonto frente al problema que tiene tu hijo. Sin embargo, es importante que te cuides. Debes descansar y alimentarte bien para tener la energía que requiere el cuidado de tu hijo. Los padres que están agotados y estresados muchas veces tienen dificultad al tomar decisiones con respecto al cuidado del hijo enfermo y a menudo no pueden darle lo que necesita. Puedes recurrir a alguien (un amigo cercano, un sacerdote, un consejero o un grupo de apoyo) con quien compartir tus preocupaciones, ansiedades y temores. Es importante que cuides  tu salud mental y física para beneficio de toda la familia. Tu hijo es muy perceptivo, sabe si estás preocupado o molesto. Si demuestras tus temores y ansiedades, puedes aumentar su preocupación. Los hijos siguen el ejemplo de sus padres para reaccionar a situaciones difíciles. Si no controlas tu estrés adecuadamente, es probable que tu hijo también se estrece.

*Prepara a tu hijo para las reacciones de los demás. Los niños sobre todo, los adolescentes y jóvenes adultos con enfermedades crónicas muchas veces no saben qué o cómo decirles a otros sobre su enfermedad. Los padres pueden ayudarlos sugiriendo varias explicaciones cortas de la enfermedad y/o el tratamiento de esta. Puede ser de ayuda que tú y tu hijo actúen en cómo dar explicaciones y respuestas a preguntas que los demás pueden hacer. El enfrentar las bromas, las dudas y  los cuestionamientos también se pueden discutir. Puedes demostrar, por medio de la actuación, cómo manejar las bromas (por ejemplo: decirle a tu hijo cómo ignorarlas o contestarlas con una palabra rápida y humorística.).

*Pon atención a lo que tu hijo pueda escuchar. Es importante estar alerta de lo que se dice o conversa cuando tu hijo está cerca. Debes evitar que escuche las riñas entre miembros de la familia o discusiones con el personal médico con respecto al tratamiento y otros aspectos de la enfermedad. (Por ejemplo: discusiones por falta de dinero, qué harán, en qué no están de acuerdo, etc.). Es necesario que vea a la familia y al personal médico como un equipo competente y de mucho apoyo para él.

*Permite que otros te ayuden.  No trates de hacer todo solo. Permite que otros miembros de la familia te ayuden. Cuando otros ofrecen ayuda, debes tener una lista de las cosas que necesitas (por ejemplo: comprar comida, ver a tus otros hijos, hacer mandados, etc.). Si permites que otros te ayuden, podrás disminuir tu estrés y ganarte un poco de tranquilidad.

*Da opciones a tu hijo. Muchos niños, adolescentes y jóvenes adultos con enfermedades crónicas tienen la tendencia de pensar que no tienen control sobre sus vidas. Por consiguiente, es importante que le ayudes a desarrollar un sentido de control. Esto se puede lograr ofreciendo a tu hijo opciones cuando sea posible (por ejemplo: lo que come, las actividades que puede hacer, lo que puede estudiar, etc.). Cuando sea preciso, puede ser de ayuda que tu hijo tome parte en decisiones con respecto a su tratamiento (por ejemplo: en cuál brazo poner la inyección, cuándo hacer ejercicio, quién prefiere que le ayude o atienda, etc.).

*Procura dar buenos ejemplos. Tu hijo puede sentirse solo, diferente y aislado. El tener a su alrededor a otras personas con la misma enfermedad puede ayudarlos en este aspecto. Se beneficiará mucho al tener contacto con otros que padezcan de la misma enfermedad y saben manejarla bien. Tal contacto ofrece la oportunidad de seguir el ejemplo de otra gente y puede brindar esperanza a quienes no manejan bien su enfermedad. También es de ayuda si tu hijo admira o sabe de alguien famoso que padece de su misma enfermedad.

*Maneja los consejos de otros apropiadamente. Frecuentemente personas con buenas intenciones y familiares ofrecen diferentes consejos para manejar la enfermedad (por ejemplo: cuestionan al médico que ve a tu hijo, la manera cómo se comporta o la forma en que te preocupas por él). La mejor manera de manejar esta situación es darles las gracias y decirles que como tú eres el padre y sabes los detalles de la enfermedad, eres quien toma las decisiones, basado en lo que los médicos te dicen.

*Ayuda a tus otros hijos a luchar con la enfermedad. Los hijos con una enfermedad crónica como la EM requieren mucha atención de los padres. No es sorpresa que hermanos y hermanas se sientan celosos, enojados y solos. Los hermanos y hermanas se preocupan también por el hermano enfermo, por sus padres y pueden, incluso, temer desarrollar la misma enfermedad. Por ello, es importante que  dediques tiempo al resto de tus hijos y brindarles un sentido de seguridad y ayudarles a vivir con la enfermedad. Debes explicarle la enfermedad a tus hijos y tratar de que hagan preguntas y expresen sus temores. Es importante mantener abierta la comunicación con todos los hijos e incluso con la familia y amigos cercanos. Muchas veces es bueno que los hijos se sientan importantes y que ayuden a apoyar y a cuidar al hermano enfermo. Cuando sea posible, hay que tratar de pasar un tiempo con cada uno de los otros hijos y hacerles sentir que son importantes y amados también.

*Mantén contacto cercano con el colegio de tu hijo. Si tu hijo está en edad escolar debes tener en cuenta que las enfermedades crónicas, como la esclerosis múltiple, por ejemplo, interfieren con su educación. Es importante que te reúnas con los maestros, psicólogos, consejeros y directores para explicarles su enfermedad y el posible efecto en la escuela (por ejemplo: ausencias frecuentes, fatiga, problemas de concentración, de memoria, límite de actividades físicas, etc.). Debes hablar acerca de lo que se dirá incluso a los compañeros de clase sobre la enfermedad. Trata de desarrollar un plan para ayudar a tu hijo con las tareas cuando no pueda ir al colegio

El manejo de la enfermedad en niños, adolescentes y jóvenes adultos es igual al que se realiza con los adultos enfermos. Las investigaciones realizadas en los últimos años han mostrado que al tiempo para el uso de la medicación que modifica el curso de la enfermedad (interferones) es después de los ocho años de edad. Quienes usan alguno de ellos deben ser monitoreados de cerca por el médico tratante. Chequeos cada seis meses y una clara explicación de los efectos secundarios a los padres, les permitirá manejar el tratamiento de sus hijos con EM.