Editorial
 
Infórmate Medicina Alternativa Miscelánea Consejos Prácticos De todo un poco



TRIBUNA MÉDICA
 

Descritas las primeras alteraciones genéticas
relacionadas con la esclerosis en 30 años

Esclerosis múltiple: evidencias, genéricos y similares
Menú principal

¿Cómo diferenciar  una exacerbación de una remisión? 

Por  Dr. Darwin Vizcarra

Médico Neurólogo,
Especialista Internacional en Medicina del Sueño,

certificado por  The American Board of Sleep Medicine

Profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia
   Director asociado de Instituto del Sueño.


La forma más frecuente de esclerosis múltiple es aquella que debuta con recurrencias y remisiones que definen episodios con deterioro en la función neurológica seguidos por  recuperación, la cual puede ser parcial o completa. Estos episodios que dominan  los primeros años de enfermedad son definidos como “crisis”  y son importante objetivo del tratamiento en esclerosis múltiple.

Se define entonces como crisis a déficit neurológicos  que afectan una nueva función, o que deterioran una función previamente afectada. La  duración  de este proceso es mayor a 24 horas, usualmente estos episodios duran de días a semanas. El compromiso que generen en la función normal, permitirán graduar su severidad. Es así como síntomas transitorios relacionados a hormigueos  o adormecimientos en un miembro no tendrán el mismo impacto que una pérdida significativa de la visión o incapacidad para caminar. Evaluar este aspecto es sustantivo para poder definir la necesidad de tratamiento para las crisis. Este tratamiento incluye el uso de corticoides a dosis altas, de preferencia por administración endovenosa y en algunos casos refractarios el uso de plasmaferesis u otros tratamientos. Existen condiciones en las que déficits neurológicos transitorios, reales o aparentes pueden ser expresados por la persona con esclerosis múltiple. Las crisis u ataques pueden ser de un solo síntoma o varios síntomas  a la vez, dependiendo del lugar y multifocalidad facilidad de las lesiones. 

Estos ataques deben ser distinguidos de los empeoramientos transitorios que pueden ser  acompañantes de infecciones, fatiga y fiebre. En particular, debe ser investigada la posibilidad de infección, en especial infección urinaria, la cual se presenta como un disparador frecuente de los síntomas. Si el control de estos factores permite la resolución de los síntomas, estaríamos frente a una pseudo exacerbación, que puede generar transitorios deterioros de la trasmisión de las señales  a través del sistema nervioso sin significar necesariamente la presencia de una nueva lesión o exacerbación de los mecanismos inmunológicos.